17 de diciembre de 2017

Los otros muertos del terremoto del 19 de septiembre


1.
La llamada llegó al celular de mi esposa al medio día, el pasado martes 12 de diciembre. Afligida, apenas colgó me llamó para compartir la noticia: su amiga M había muerto.

Tenían más de 25 años de conocerse. Muchas historias podrían contarse sobre su amistad, pero son cuestiones personales que no vienen al caso ya que el tema de esta entrada es otro.

2.
El sábado 9 de diciembre mi esposa se había visto con M para desayunar y estaba sorprendida: bajó 15 kilos, estaba demacrada y sus reacciones eran lentas. Al ser cuestionada por su salud le contestó:

- sigo asustada por el temblor.
- deberías ir al médico – indicó mi esposa.
- ya fui… al que está a la vuelta de mi casa… dijo que no tengo nada.
- por qué no te curas de espanto? – le sugirió.
- yo no creo en esas cosas.
- el que no creas no significa que no te puedan ayudar…
- me preocupó que a mi hijo le pasara algo - dijo y rompió en llanto.
- te entiendo, pero ya sabes que tu hijo está bien – dijo mi esposa tras dejarla llorar unos minutos – aquello pasó hace tres meses y debes soltar la angustia que tienes atorada.

Dos horas después se despedían. Mi esposa se quedó preocupada por la salud de M pues apenas y probó el desayuno. El lunes 11 la hospitalizaron y falleció al siguiente día.

3.
El 12 de diciembre se festeja a la Virgen de Guadalupe. No soy guadalupano: raro para una raza que nace con creencias programadas en su genética, pero en el velorio de M, realizado en su casa y en la más pura tradición indígena (ella era de Oaxaca), pensé: “extraño día para morir”, aunque no sé si esa fecha tuviera algún significado.

4.
El viernes 15 de diciembre mi esposa fue a cenar con su amiga C: una abogada divorciada, inteligente, de carácter fuerte y con un buen puesto en el gobierno. Llegaron al restaurant, pidieron vino tinto y mientras se actualizaban de noticias, mi esposa vio a C “diferente” y se lo comentó.

- pues… - C sollozó – estoy asustada.
- te pasó algo?
- no… bueno sí: vivo aterrada desde el terremoto de septiembre.
- de verdad? – se sorprendió mi esposa – tú, famosa por tener un carácter fuerte que asusta a hombres y mujeres?
- sí – aceptó y el resto de la velada C narró cómo cambió su vida desde el temblor, lo que le permitió percibir que su amiga se había convertido en una mujer sumisa, débil, insegura, asustada y hasta sensible.
- deberías ver a alguien para que te cure de espanto – le sugirió una hora después y mientras de despedían.
- sí, ya le llamaré a mi amigo babalowo parta que “me cure” – dijo C.
- los babalowos no saben curar de espanto – se quejó mi esposa tras soltar una carcajada.
- te mando un whats para sacar cita con tu marido – dijo por compromiso.

Se despidieron y mientras C se encaminaba a su auto de manera torpe (me comentó mi esposa más tarde), sólo pudo definirla como “muerta en vida”.

5.
El sábado 16 de diciembre por la mañana sonó el teléfono de casa, era mi amiga poeta F.

- hola, tanto tiempo! - exclamé.
- buenos días – respondió.
- cómo estás? – pregunté pues no sabía de ella desde hacía meses.
- mal – soltó sin más.
- y eso? – cuestioné temiendo me confirmara lo que imaginé.
- mi padre murió en septiembre – respondió quebrándosele la voz.
- falleció durante el terremoto?! – interrogué mientras recordaba su figura: un hombre simpático, dicharachero, culto y fuerte que a sus 80 años todavía salía a la calle para realizar algunos mandados.
- sí… no… casi – no pudo explicarme por el llanto.
- tranquilízate para que puedas explicarme.
- ya… - se recompuso – no, ese 19 de septiembre salió a la calle para hacer varios pagos y el terremoto lo agarró saliendo del banco… contó cuando comenzó a moverse todo la gente corrió, una mujer no se fijó y de un empujón lo mandó al suelo, pero él pensó que el edificio se había caído y que el golpe era el techo que lo había aplastado… un joven lo ayudó a levantarse, le reclamó a la mujer su imprudencia pero ella no le tomó importancia, ni siquiera le pidió una disculpa.
- vaya – dije.
- la caída le lastimó la pierna derecha, así que como pudo caminó hasta que llegó al departamento, marcó varias veces a mi teléfono para saber si estaba bien, pero cuando nos desalojaron olvidé mi celular sobre el escritorio, así que no pudo hablar conmigo. Cuando regresamos por nuestras cosas ya alguien se lo había robado.
- cabrones – me quejé.
- así que entre la hora del temblor y lo difícil que fue regresar a mi casa por la falta de transporte, me dio la noche: al llegar lo encontré sentado en la sala llorando desde quien sabe qué hora.
- vaya – repetí mientras ella gimoteaba.
- desde ese día mi padre nunca fue el mismo: se mantenía callado, dejó de salir a la calle y cualquier ruido extraño lo sobresaltaba… hasta que a finales del mismo septiembre le dio un infarto.
- vaya – dije.
- lo descubrir al regresar del trabajo por la noche… estaba sentado en el mismo sillón donde lo encontré llorando el día del temblor… si hubieras visto cuanto desconcierto había en su rostro.
- por qué no nos llamaste para acompañarte en el velorio?
- te digo que me robaron mi teléfono – señaló – hasta que ayer me encontré a T saliendo del cine y le pedí tu número.

6.
Ese mismo sábado 16 llegamos por la tarde a casa de una amiga Chamán, con el objeto de pedirle le diera luz al alma de M. Dada la amistad con mi esposa, ella fue la que hizo la solicitud, sin embargo, mientras ella hacía oración y pintaba signos en el suelo sucedieron dos cosas:

la primera, ella corroboró lo que le comenté sobre la salud de M: tuvo un infarto el 19 de septiembre por el susto, mismo que nadie detectó y después propició el segundo que la llevó a la muerte,

la segunda, la Chamán interrumpió el paso a la luz e informó que no podía lucificar a M pues aún no tomaba conciencia de su muerte.

- será porque apenas murió? – preguntó mi esposa un rato después, mientras buscábamos un lugar para comer.
- no creo: mi padre falleció un martes, el sábado vine a pedirle luz para su alma y se la dio sin cuestionar nada – expliqué – prácticamente es el mismo número de días entre las dos muertes.
- pero tú eres , por eso lo hicieron – señaló - que ves con videncia?
- nada – señalé – ya sabes que no me gusta investigar ni cuestionar lo que hacen los Chamanes.
- ya nos lo dirán después…

5 de diciembre de 2017

Mensajes de los desencarnados


1.
- … y seguido me cuenta que sueña con sus padres – explicó T.
- ya murieron? – lo interrogué.
- hace unos cinco años: primero murió mi abuela y a los tres meses exactos mi abuelo.

2.
Había aceptado reunirme con aquel joven (llamado T) a insistencia de mi amiga G, después de que me contara de qué se trataba el caso, le expliqué que “no había mucho hacia dónde moverse”, pero ella insistió… me lo pidió tantas veces que le hice burla de que su interés por T parecía otra cosa, se enojó y para contentarla tuve que prometer que lo vería, más avisé que no lo consultaría y sólo lo sería para platicar.

3.
T me citó en el “Bulbo de neón”: una cafetería ubicada en la colonia Condesa y cuyo mobiliario estaba basado, presumía el dueño, en un estilo estrictamente posmoderno. No me gustaba mucho el lugar, salvo que la música ambiental siempre ofrecía agradables sorpresas por permitirme conocer grupos desconocidos para mis gustos.

Una vez que encontramos una mesa apartada, le pedí me contara los sueños y describió algunos: en uno su abuela le entregaba un ramo de flores secas a su madre en la casa donde ella había vivido su niñez… en otro ella caminaba de regreso a su casa, tras hacer unas compras, y sin más aparecía su padre, quien tras llamar su atención echaba a caminar y ella lo seguía, recorrían docenas de calles sin que pudiera alcanzarlo, avanzaban y la ciudad se transformaba en edificios y casas derruidas mientras la gente desaparecía: cuando pudo alcanzarlo los dos estaban de pie en un jardín lleno de flores hermosas.

- supongo que habrá uno que la desconcierte – lo interrumpí - y que al despertar estuviera, no sé… impresionada.
- sí – afirmó - ella llegaba a una iglesia, en el lugar donde deberían estar butacas había una mesa a la que estaban sentados sus padres, abuelos y tíos fallecidos dando cuenta de diversos platillos y alrededor de ellos numerosos cirios encendidos; conforme ella se acercaba sus familiares la invitaban a departir, pero al aproximarse veía que toda la comida estaba podrida.
- vaya – exclamé y di un sorbo a mi café.
- qué significa todo eso? – me cuestionó – alguna medicina provocará esas pesadillas?
- no – dije sintiendo un agujero en el estómago – los muertos conservan lazos con los vivos – expliqué mientras sonaba la espeluznante “B minor tinnitus blues” del noruego Terje Nordgarden en la cafetería – todo se resume a karmas: individuales, familiares y de todo el linaje.
- qué tiene que ver eso con las pesadillas de mi madre?! – se quejó…
- no he terminado de explicarte – avisé – todos nacemos, morimos y reencarnamos en la misma estirpe, por eso en ocasiones ciertos males familiares se repiten una y otra vez durante generaciones.
- sigo sin entender – se quejó T.
- es sencillo – decidí ser directo al ver que entender los procesos de la vida y la muerte para él no era importante – cuando una persona comienza a soñar con familiares fallecidos es que ya saben que se acerca la hora de pasar a otro plano, así que le mandan mensajes avisando que la están esperando y...
- los padecimientos de mi madre son propios de su edad – se quejó – no tiene males graves: vivo con ella desde que nací y estoy al pendiente de cualquier cosa que necesite.
- ese no es el tema – aclaré – te habla de ciclos naturales y conforme se presentan recibimos antes señales y uno de ellos son los sueños y mientras más se acerque ese momento, más recurrentes serán.
- estás exagerando – dijo incrédulo T.
- hay otras advertencias como cuando la persona está acostada y en algún momento percibe que…
- jamás me imaginé que G me haría perder el tiempo contigo – me interrumpió indignado, terminó su café de un trago, se puso de pie y se fue sin decir más. Mientras se iba dudé en si debía recordarle que no pagó su café, pero concluí que lo mejor era dejar que se esfumara.

4.
- T me habló por teléfono para quejarse de cómo lo trataste – comentó G desde el otro extremo de la línea telefónica.
- con él puedes aplicar la máxima de que la verdad no peca pero incomoda o no hay peor ciego que el que no quiere ver o aquél que…
- ya, ya – me interrumpió divertida – a ti no se te gana una.
- los únicos que nunca se podrán ganar entre sí son Dios y el Diablo porque son la misma persona – me reí – y ejemplo de ello es que la primera letra de sus nombres comienza con la letra D...
- él afirma que estás loco – prosiguió sin entender mi broma.
- cuéntame algo nuevo: eso me lo han dicho muchas veces – me reí.
- lo sé y me queda claro que cuando se trata de tu videncia se te debe tomar en serio – agregó – en verdad está tan mal la señora?
- no se trata de videncia – aclaré – es sentido común si haces caso a los avisos… lo mejor o lo peor es que él ya no escuchó los otros síntomas.
- luego me los cuentas? – pidió G.
- sólo si prometes no volver a mandarme necios para que los consulte.
- eres un cabrón – exclamó.
- por qué las mujeres me dicen cabrón? – pregunté más no contestó.
- la próxima vez yo invito el café – avisó – por el otro que pagaste.

5.
- nunca fallas – oí apenas y tomé la llamada en el teléfono de casa.
- ahora qué hice? – protesté tras reconocer a G, dejando la lectura de “La otra cara de Rock Hudson”, la novela de Guillermo Fadanelli.
- te acuerdas de T? – preguntó.
- prefiero no acordarme – me burlé, pero me ignoró.
- su mamá murió la semana pasada – exclamó – exactamente tres meses después de que se lo advertiste.
- yo no le advertí nada – protesté – sabes que no es mi estilo anunciar esas desgracias… además T no me dio tiempo de terminar de explicarle los detalles de…
- te invito a tomar un café – cambió de tema.
- claro – acepté - cuando gustes.
- es que… T quiere platicar contigo – agregó nerviosa.
- olvídalo – protesté.
- él va a pagar – avisó.
- no – me negué.
- yo pago – ofreció.
- no puedo: tengo mi agenda social llena.
- me dijo que necesita hablar contigo – insistió ella.
- no.
- ándale – rogó - está preocupado.
- ese no es asunto mío – señalé.
- me dice que sueña seguido con su madre… y... pues… tengo miedo…
- y a ti qué? – la increpé, pero al instante lo descubrí – andas con él? tú eres la preocupada!!
- platica con él – insistió.
- no, él tiene la culpa por impedirme exponer qué significa soñar con antepasados fallecidos, pero te lo aclaro para que no vivas preocupada: a una persona que sueña con sus difuntos le avisan que pronto va a fallecer, sí, pero tratándose de mayores de edad o enfermos graves.
- acepta el café – repitió tras reflexionar sobre mi explicación.
- no – reiteré mi negativa.
- ándale – insistió – todo esto me alarma.
- el que debería asustarte de que convivas con ese tipo de subespecies reptilianas soy yo.
- ándale – reiteró – y vamos a la cafetería “Bulbo de neón” que tanto te gusta…
- no.
- eres un cabrón!! – me gritó y colgó.