28 de octubre de 2017

Cómo dar luz al alma de los fallecidos


Ante la inminente celebración del Día de Muertos, muchos se preguntan en qué etapa del viaje en el más allá están sus fallecidos y si es necesario realizar un acto de expiación, obra o sacrificio para llevarlos hacia “la luz”.

Existen varias maneras de hacerlo, y si bien algunas son concretas, la mayoría requieren de la intervención de alguien que sepa cómo ayudarlos, ¿pero qué sucede el tema le es ajeno, si no se conoce a la persona adecuada o si sólo se cuenta con la buena voluntad de ayudarlos? Antes entrar al tema primero debemos tener claro que entendemos por expiación y a qué llamamos “la luz”.

Hay quienes los consideran sinónimos, pero ambos tienen connotaciones diferentes: la expiación se refiere a eliminar la responsabilidad de una mala acción a través de una inmolación (tradición incorporada a la Santería, por ejemplo, cuando se sacrifica un animal para eliminar el osogbo), más ésta se practica cuando la persona está viva.

Pese a que el origen de ésta concepción es una revoltura judaico/cristiana, fue retomada por la Ifa, el Palo y el Espiritismo para explicar, entre otras cosas, el destino con el que nace cada persona

En el caso de orientar hacia “la luz”, se comete el error de pensar que al “conseguirlo” se le ayudará a llegar a lado de su Dios preferido, como parte de su proceso para alcanzar la reencarnación, más el concepto de lucificación se refiere realmente a la toma de conciencia de que ya falleció, cuando ya se ha despojado de su cuerpo físico y tras purificar el alma de “los placeres mundanos”, lo que le lleva a aceptar que ha llegado el momento de recapitular de lo hecho en vida, qué dejó pendiente y qué prosigue para seguir su camino en búsqueda de su renacimiento.

Sin embargo, el tema va más allá y tiene aristas que obligan a delimitar cada una de las etapas que intervienen en el proceso de desencarnar, la ascensión del astral y la aceptación del “yo superior”, misma que atañe mayormente a los vivos que tratan de ayudar, ya que los difuntos que tienen bastantes limitaciones como desencarnados.

Así, para aquellos preocupados por la ayuda que puedan proporcionar a sus fallecidos, la respuesta está en la celebración de 9 misas (una por día), en fechas determinadas y a lo largo de un año, las cuales se distribuyen de la siguiente manera:

La primera el 1 de enero,
La segunda el día de su Santoral,
La tercera el día de su Cumpleaños,
La cuarta el día del niño,
La quinta el día de festejo del Santo de su devoción,
La sexta el día de su aniversario luctuoso,
La séptima el día de Muertos (1 de noviembre si es niño(a) o día 2 sí es adulto),
La octava el 24 de diciembre (Misa de gallo),
La novena el 31 de diciembre.

Hay quienes querrán contabilizar la Misa exequial, pero ella es obligatoria en el velorio y se realiza de cuerpo presente, de ahí que no cuente. Otros optarán por las 30 Misas Gregorianas (una diaria) o robarlas para su fallecido cuando se realizan exprofeso en una iglesia y para pedir por la paz de otros difuntos.

Sin embargo, debemos considerar que las 9 misas enlistadas forman parte de un ritual en el que el número 9 está vinculado a la apertura (la vida) y cierre (la muerte) de las puertas entre la vida terrenal y el más allá (ello se refleja en muchos aspectos, como por ejemplo, en los 9 meses que dura la gestación humana antes de nacer y los 9 días que en la antigüedad se tardaban en enterrar a los muertos).

Por qué esas fechas? porque desde el punto de vista espiritual (independiente de la importancia del número 9), son cruciales no sólo en la vida de la persona, sino en términos de energía espiritual que se mueve alrededor del individuo, energía que el peso de la misa/oración permite la transmutación.

No olvidemos que en diferentes culturas el 9 es el símbolo del sacrificio, abnegación, fin de ciclos, intuición, evolución, repliegue, reflexión, caos, clarividencia y representa la espiritualidad: todo lo anterior relacionado con los desencarnados… y claro, simboliza a Oya.

Aquella persona que opte por ayudar a sus fallecidos de esta manera (las 9 misas sólo se pueden oficiar para un difunto: no se deben realizarse de manera colectiva), debe tomarse en cuenta que una vez realizada la última no deberá contactarlos de nuevo, bajo ninguna circunstancia: ni a través de oráculos, ni por medio de un médium, no deberá incluirlos en ningún tipo de altar y deberá sacarlos de la Bóveda espiritual.

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