“Nouvelles de Colombie” reúne los cuentos traducidos al francés de los escritores colombianos Juan Gossaín, Juan Esteban Constaín, Juan Diego Mejía, Mauricio Vargas y Ricardo Silva… El escritor cubano Leonardo Padura fue nombrado hoy "Doctor honoris causa" por la Pontificia Universidad Católica del Perú… "En Blanco y Trocadero", una novela manuscrita que circuló clandestinamente en Cuba en los años 70 y que ahora ha sido publicada por Neo Club Ediciones, un sello del sur de la Florida… “Harry Potter”, la saga escrita por la británica J.K. Rowling cumple 20 años con siete tomos, 450 millones de ejemplares y ganancias de más de 22 mil millones de dólares por venta de libros, mercancía y películas…

15 de agosto de 2017

El salvaje de Guillermo Arriaga

Guillermo Arriaga es un escritor y director de cine mexicano conocido por escribir los guiones de los films de Alejandro González Iñárritu. Su primera novela, “Escuadrón Guillotina”, fue bien recibida, publicó tres más que consolidaron su carrera y ello lo llevo a conocer a Iñárritu y plantearse la película “Amores perros”, misma que les abrió las puertas a Hollywood; le siguió “21 gramos”, escribió otros guiones y cosechó más premios hasta que en 2007, tras filmar “Babel”, ambos tuvieron un rompimiento que dio pie a muchos rumores.

Tras ello Arriaga incursionó como director en el cine comercial (se había limitado a dirigir cortometrajes) y filma “Lejos de la tierra quemada”, la cual recibió reseñas regulares de parte de la crítica, pero en taquilla fue un éxito, mientras mantenía su faceta como guionista, hasta que en 2016 regresa a la literatura con la novela “El salvaje”.

Conocido por su carácter visceral, Guillermo sorprendió a muchos cuando evitó el tono belicoso para responder a las ofensivas declaraciones que hizo Iñárritu en su contra, y refiriéndose al trabajo con su exsocio, se limitó a señalar: “una película es de todos y no tenemos por qué reducirla al crédito 'una película de...', Alejandro nunca dice 'Nuestra trilogía', sino 'mi trilogía".

Pleitos aparte, en su novela “El salvaje” encontramos los elementos que caracterizan su obra fílmica: autos, rencor, violencia, celos, perros, odio, destino, injusticia, ingratitud, desesperanza y muerte (caracterizando con ellos la personalidad de la sociedad mexicana en los 70s), sentimientos de sobra conocidos y de los que también descubrió que lo único que puede subliminarlos es el amor, la amistad y la confianza.


La trama gira alrededor del asesinato del hermano de un chico de 17 años, lo que desencadena la muerte de su abuela y después de sus padres, quedando huérfano y solo, así que jura vengarse de los verdugos: un grupo de fanáticos religiosos (protegidos por un corrupto comandante de policía) y que matan en nombre de Cristo.

Así, el libro se convierte en un catálogo de mezquindades en donde cada tanto de páginas el lector siente asco de cuánta bajeza puede acumularse en la naturaleza del mexicano y cuyo comportamiento (se pone en evidencia), se mueve sólo por la ambición y la prepotencia (y detrás de ellas, motivándolos, el miedo y la traición).

Si bien podría calificarse el libro de Arriaga de monumental por sus 700 páginas, al terminar su lectura queda la sensación que el exceso pudo haberse evitado si no hubiera incluido en forma paralela la historia de Amaruq: un cazador que habita en nevadas montañas y cuyas obsesiones lo llevan a la muerte, anécdota innecesaria y cuyo cruce con el desenlace de la trama es más que forzado.

Es aquí donde la novela de falla, no sólo por la importancia que quiere darse a la historia secundaria (que busca alargar la atención del lector alternándolo con la trama principal), sino por deficiencias en su estructura que hacen parecer que lo que tenemos en las manos es una historia desorganizada y al borde del caos, mismo que busca justificar el estilo que el propio autor autoproclama como narrativa no lineal.

“El salvaje” es una novela ambiciosa y viene precedida por el Premio Mazatlán de Literatura 2017 (pese a su condescendiente final), más no es apta para aquellos a quienes la idiosincrasia mexicana les resulta monstruosa: su lectura me hastió y tuve que suspenderla durante semanas para leer entre otros “No apagues la luz” de Bernard Minier y “Vernon Subutex” de Virginie Despentes, que pese a la malicia, la sordidez y la saña de sus tramas me resultaron más digeribles.

Guillermo Arriaga, El Salvaje, 704 páginas, Editorial Alfaguara, 2016


6 de agosto de 2017

En el trono de Yemayá



Un sábado fui invitado por la amiga (hija de Oba) de un conocido en común (un Babalowo) a participar en una coronación de madre e hija (Oshun y Yemaya con oro para Olokun respectivamente) y en la que él fungiría como Oriaté… dado que mi esposa estaba de viaje acepté ayudarlos para no aburrirme el fin de semana…

Mi amiga y yo llegamos temprano, saludamos a los religiosos conocidos y nos presentaron a los desconocidos… al entrar a la habitación donde se realizaría el lavatorio vi sentada en el suelo a una joven Iyawo hija de Yemaya, a la que conocimos un par de días antes y quien tenía dos semanas de haber coronado Santo…

Aquello me sorprendió y lo comenté con la hija de Oba, pero ella me recordó (respetuosa de las normas), que cada casa se rige por las reglas que dicta el religioso mayor, así que me guardé mi opinión de que su presencia en un paritorio de Osha no era correcta…

Comenzamos el lavatorio y conforme los minutos transcurrían la Iyawó comenzó a palidecer: una vez que terminamos se puso de pie presurosa y corrió al baño para vomitar…

Un Babalowo dijo que “era normal”, pero sugirió una pausa para que la joven se recompusiera… me reservé de nuevo mi opinión de que ella “estaba jalando todo el osogbo” y comenzamos a platicar con mi amigo hasta que a los pocos minutos sonó el timbre de la casa, un Santero hijo de Shango abrió la puerta y avisó que “alguien” pedía con urgencia que lo registraran porque tenía problemas muy graves…

El Oriaté y otro Babalowo optaron por realizar el registro en una habitación aparte (donde no se trabajaría religión), así que me fui tras ellos para estar presente sólo como testigo…

La consulta al pie de Orunla avanzaba y el paciente insistía en saber por qué seguía obsesionado con tener sexo con su exesposa si ella le había sido infiel, le pidió el divorcio, se quedó con la casa, lo tenía demandado, lo desprestigió con todos sus conocidos y prácticamente había hecho su vida pedazos…

Mi amigo respondió con un escueto “te hicieron brujería”, pero el hombre regresaba al tema de la obsesión del sexo; dado que no es correcto que un Santero hable durante una consulta ante la estera, pedí permiso (levantando literalmente la mano) para dar mi opinión: aceptó, aunque el otro mayor puso mala cara…

- el problema es que tuviste relaciones sexuales con tu esposa alguna vez en que ella estaba menstruando… y con eso, entre otras cosas, se hacen amarres de amor terriblemente eficaces – señalé…

El paciente, apenado, aceptó que lo había hecho, lo que a su vez provocó que mi amigo agradeciera mi aporte y le avisara que mandaría un baño de hierbas para quitar “el amarre”, mientras que el Babalowo que se molestó cuando pedí permiso de participar soltó un sincero “ashé para ti” por la precisión de mi videncia…

Terminada la consulta seguimos con la Yoko Osha y dimos inicio al Ozaín para la bajada, durante el cual varias veces la Iyawó se sintió indispuesta y llegado el momento de la matanza simplemente se encerró en el baño y ya no salió…

Al terminar la vimos sentada en un sillón apretándose la cabeza con ambas manos y soltando algunos quejidos: fue hasta entonces que los dos Babalowos se asustaron, pero dado que era el momento en que se debían bañar madre e hija, pidieron a mi amiga apoyara a otra Santera hija de Obatalá, mientras los otros Santeros comenzaban a limpiar el Cuarto de Santo y ellos atenderían los malestares de la joven…


- se ve mal – dijo mi amigo…
- bastante – dijo el otro Babalowo…
- ella no debía haber participado – me atreví a decir, lo que provocó que éste último me fulminara con la mirada…
- creo que vas a tener que consultarla - soltó aparentando ignorarme…
- no lo creo prudente – dudó mi amigo - le acabamos de leer el Itá…
- quizá deba darse un baño con omiero – propuso a su vez el Babalowo…
- pónganla dentro del trono – sugerí más preocupado por el estado de la joven que por sonar imprudente…
- meterla al trono? – soltó el Babalowo volteando a verme indignado…
- no es mala idea – dijo mi amigo analizando mi propuesta…
- cómo crees que haremos eso? – me increpó el Babalowo…
- muy sencillo: ella es hija de Yemaya y el trono es de Yemaya…
- es Yemaya con oro para Olokun!! – endureció el tono de voz…
- con más razón: Yemaya la acoge y Olokun la rehabilita…
- metámosla – decidió mi amigo…

Los dos Babalowos fueron hasta donde estaba la Iyawó, la ayudaron a levantarse y la llevaron al trono, pidieron a los Santeros dejaran de limpiar y salieran e indicaron que se acostara sobre una de las esteras advirtiéndole que se quedaría ahí hasta que se sintiera bien, o en su defecto, hasta que llegaran las nuevas Iyawos…

Los dos Babalowos salieron del Cuarto de Santo y yo me acerqué para saber cómo se sentía la joven, misma que por lo que me describió estaba fatal… me arrodillé ante el trono y le recé a Yemayá…

Iya mi lateo, alabaru bomi, iya mi awo oyo odan, iya mi tuku tukuekueye, asarayabi, Olokun… abo lona oyale, Yemaya ye inle ye lodo, yale yo luma, akotakue, leve, choicho, niwe, chubobo, bona, Oggun mayelo dogniti bamba baña, Yemaya oro lodo, orulode

Cuando terminé ella estaba más tranquila, así que sólo le pedí que no se durmiera… me levanté para regresar con el resto de los religiosos y encontré al Babalowo que me había cuestionado la obra recargado en el marco de la puerta, observándome…

- cómo aprendiste ese secreto? – me preguntó con tono neutral…
- pasando por lo mismo – le dije sin poder reprimir una carcajada…
- te sucedió también?
- no fue igual – señalé – ya tenía un par de años de haber coronado Santo, pero tras de un lavatorio me sentí mal y un Babalowo sugirió recostarme un rato en el trono de Yemaya: me recuperé en minutos…
- y qué rezó? – me inquirió…
- nada - aclaré - lo del rezo lo improvisé cuando vi a la Iyawó tan mal…
- interesante – reconoció antes de agregar – pero qué tal que no hubiese sido hija de Yemaya?... o que el trono fuera de otro Orisha?
- algo similar cuestioné cuando salí del trono aquella vez…
- y? – me apresuró…
- me respondieron textualmente: “la energía Orisha es universal”…

El Babalowo se quedó en silencio cavilando sobre lo que le compartí hasta que la Iyawó lo sacó de su ensimismamiento…

- me siento mejor – avisó – ya podemos continuar?…

El Babalowo me volteó a ver, levanté los hombros a manera de “a mí no me metas”, así que avisó - ya casi terminamos, así que mejor deja libre el trono para las Iyawos y siéntate en algún lugar para que descanses…

La joven salió al tiempo que el Babalowo observaba todo lo que restaba de limpiarse, asumió una actitud humilde, tomó una escoba y comenzó a barrer, yo tomé un paño húmedo y comencé a fregar el piso y los demás Santeros regresaron para terminar de asear el Cuarto de Santo…