Marunla Tonti Merinla dice: Utilizar dinero ajeno en beneficio propio es una forma de robo, Palabras que se lleva el viento, Mal que se convertirá en bien, El producto de la porfía es la pérdida, La curiosidad puede originar ceguera y No todos los profetas son legales…

24 de mayo de 2014

Mi vida en la Santería 20: Hay entes a los que no se debe llamar



1.
Regresamos del cine ya cerca de la media noche y nos quedamos todavía un rato comentando sobre la película que habíamos visto, cuando sonó mi teléfono celular: era mi padrino Curandero…

- ni me digas que te desperté porque todavía no te has acostado - dijo con su chocante tono de sabelotodo…
- no pensaba decirlo…
- tienes aceite negro? – soltó sin mayor preámbulo…
- sí – respondí intrigado…
- qué cantidad? – me inquirió…
- poco más de un litro…
- y polvos? – agregó…
- también… de cinco tipos…
- de cuáles? – me cuestionó…

Me levanté del sillón y me encaminé a la habitación que tenemos destinada como cuarto de religión (recién había sido iniciado como Aleyo), abrí la estantería y se los enlisté…

- muy bien: necesitamos el aceite negro y todo lo que tengas del último polvo que mencionaste – dijo – paso por ti en 10 segundos: avísale a tu esposa que llegarás tarde a dormir: esta vez es cosa de hombres…
- 10 segundos? – lo cuestioné...
- estoy frente a tu casa: por eso sé que aún no te has acostado…
- ya bajo…

2.
Efectivamente estaba ahí… enfilamos hacia el poniente de la ciudad…

- vas a conocer a un Curandero muy cabrón – me contó durante el trayecto… de esos ya viejitos que lo saben todo… de los que ya casi no hay porque se están muriendo con extraña rapidez…
- y qué vamos hacer con él? – le reviré…
- aún no estoy muy seguro – respondió – creo que una machaca

Media hora después estacionó su auto frente al portón de una oscura casa… nos bajamos: yo con el aceite y los polvos, él cargando pequeñas bolsas con variados tipos de tierras… tocó el timbre y casi de inmediato nos abrió un joven quien nos invitó a pasar: entramos y contrario a lo pequeña que se percibía desde afuera era bastante amplia: tenía varias habitaciones construidas del lado derecho y con las luces apagadas…

El adolescente se dirigió al único cuarto que se localizaba del lado izquierdo, tocó la puerta a manera de aviso, abrió, nos cedió el paso y desapareció…

Quedé impresionado: su interior era el sueño de cualquier Curandero por todo el material y herramientas que había… en uno de los rincones estaba un anciano, sentado frente a una mesa, fumando y bebiendo un humeante café en una vieja taza…

Mi padrino lo saludó y nos presentó… el viejo (de mediana estatura, delgado, con abundante cabello y bigote completamente canos, moreno y rostro inexpresivo), me escudriñó con cinismo antes de estrechar la mano que le ofrecí para saludarle…

- y este es tu mejor ahijado? – cuestionó a mi padrino…
- es el más adelantado – le respondió…
- será muy avanzado pero también bastante rebelde – dijo – y para ser un buen Curandero se necesita disciplina…
- precisamente por eso lo traje: aunque no lo parezca es el más disciplinado… a veces hasta más que yo…
- veremos – comentó, me recorrió una vez más con la mirada, torció la boca e hizo un ademán para que me sentara frente a él…


Mi padrino se quedó de pie y permanecimos en silencio, al tiempo que él daba profundas caladas a su cigarrillo hasta terminarlo…

- ya te dijo tu padrino de qué se trata? – finalmente me preguntó…
- no – contesté…
- de tener los güevos bien puestos – advirtió…
- nunca me ha quedado mal – intervino mi padrino…
- veremos – repitió el viejo con desdén…

3.
Estábamos ahí para hacer un trabajo negro, se me explicó, más no se comentó el motivo ni el destinatario… esto me molestó: no me gustan las “brujerías” (aunque sé hacerlas y conozco unas bastante buenas), pues para mí el único que tiene autoridad para poner “en orden al caos” es el Dios en el que uno crea… lo peor es que mi padrino sabía perfectamente cuál era mi posición al respecto y de todos modos me involucró en todo ello: decidí mantenerme a la expectativa aunque nunca me imaginé que el asuntó tomaría otros rumbos …

4.
Colocamos sobre la mesa las bolsas con tierras, el aceite negro y los polvos junto a un pedazo de carbón, alfileres color negro, papel color café, frascos con diversos contenidos, algunas hierbas secas, una cazuela de barro, piedras, botecitos con pintura, palos, partes sin piel de un animal, una botella de vodka nueva y un saco con pólvora…

- llegó la hora - dijo el anciano: dio la última fumada a su cigarro al tiempo en que mi padrino se ponía de pie y se colocaba en uno de los rincones de la habitación… yo me le quedé viendo extrañado, más algo percibió el Curandero que de inmediato me amonestó – vas a poner atención a lo que vamos hacer?
- a la hora que usted diga empezamos – respondí…
- apaga la luz – le ordenó a mi padrino, más antes de que todo quedara a oscuras, tomó con rapidez un gran velón negro que colocó al centro de la mesa y lo encendió…

Él anciano descansó su espalda sobre la silla, pero la colocó completamente recta: cerró los ojos, colocó sus manos sobre los muslos, jaló dos veces aire con fuerza y de inmediato su cuerpo se convulsionó: estaba montando a su guía… instantes después físicamente manifestó cambios importantes que le diferenciaban del Curandero original… en silencio y con los ojos cerrados se puso a preparar el contenido de la cazuela, tomando con extraordinaria precisión (como su pudiera verlos), cada uno de los utensilios que necesitaba…

Me mantuve atento por si en algún momento solicitaba mi ayuda, pero no lo hizo hasta que, sin más, se detuvo e inclinándose hacia mí soltó una espeluznante carcajada… yo me hice hacia atrás pues de inmediato reconocí en su aliento el olor putrefacto que suele desprender un cadáver…
 
- no tengas miedo – dijo con voz cavernosa…
- no – aclaré, aunque debo reconocer que estaba impresionado por los cambios físicos: jamás había sido testigo de cómo un guía podía provocar tal transformación, más parecía que él estaba leyendo mis pensamientos…
- esperabas una voz cursi como la del maestro que se le mete a tu padrino? - cuestionó en tono burlón…
- quizá más amable…
- los guías espirituales son ridículos… hablan como si de verdad fueran sabios, cuando en vida se comportaron como verdaderos hijos de puta – dijo con desprecio – nosotros somos otra cosa
- ya decía yo que aquí sucedía algo extraño – dije ante la ambigüedad de su última afirmación…
- no digas nada!!! - gritó mientras me apuntaba con su dedo índice – cállate: no tienes una puta idea de lo que es estar así…
- por supuesto que no: yo estoy vivo - señalé…
- ya te llegará la hora – escupió entre terroríficas carcajadas…
- supongo…
- y te aseguro que ese día estaré ahí para llevarte conmigo - amenazó…
- pero mientras llega ese momento yo estoy de este lado… y tú allá – respondí tratando de ocultar mi nerviosismo: no estaba seguro a qué obedecía todo aquello, pero cuando busqué con la mirada a mi padrino sólo encontré oscuridad a mí alrededor…
 - yo no estoy allá: me encuentro aquí, entre ustedes… y gracias a gente como tú… o como el viejo que me presta de vez en cuando su cada vez más podrido cuerpo, así que tengo que buscar la manera de desquitarme de lo que me hicieron – se quejó…
- yo no sé que te sucedió cuando estabas vivo, pero lo que te hayan… - traté de decir, pero me interrumpió con gritos…
- no me lo hicieron vivo!!!... un Curandero me despertó para ofrecerme gran recompensa si me deshacía de una familia… incluso prometió que podía “comerme sus almas” una vez que acabara con ellos… pero lo que no me avisó es que si yo aceptaba no iba a poder regresar a donde estaba, y tampoco me dijo que una vez que cumpliera con mi parte, él se iba a desentender de mi y me iba a dejar como estoy: errando entre su mundo!!!…
- ese no es mi problema – aclaré…


- claro que lo es: de todos ustedes los Curanderos!!! – vociferó…
- sabías que conforme te prestes a realizar este tipo de trabajos, buenos o malos, estás abriendo tu camino hacia la luz? – cambié radicalmente la conversación…
- no trates de convencerme de nada!!! – advirtió – así como estoy me encuentro a gusto: en vida jamás tuve el poder que tengo ahorita…
- no se trata de poder – insistí ingenuamente – sino de evolución…
- quiero ser lo que soy ahorita!!! – me interrumpió de nuevo – gracias al Curandero que me engañó, aprendí a seguirme “comiendo” las almas de todo aquel que se cruza en mi camino al momento de morir… y lo mismo haré contigo!!! – tras lo cual hizo de nuevo hizo la espalda del anciano hacia atrás y retomó el trabajo…

Posteriormente tomó el papel color café, el trozo de carbón y anotó el nombre y apellidos de un hombre y comenzó a clavarle alfileres mientras profería una serie de maldiciones que en mi vida había escuchado: el muerto sabía perfectamente lo que estaba diciendo, así que sentí pena por las siguientes generaciones que vivirían condenadas por esas cadenas…
- y sabes por qué? – me cuestionó demostrando que efectivamente podía leer mis pensamientos…
- por qué?…
- este cabrón ha violado a muchas niñas – explicó…
- así que estás aquí en plan de justiciero? – me burlé…
- yo estoy cumpliendo con lo que me pidieron!!! – gritó al tiempo que daba un violento manotazo sobre la mesa – yo me encargaré de él, recibiré lo mío y me quedaré esperando a que te llegue la hora para darte la bienvenida!!!…
- por qué lo preparas? – cuestioné – de eso podría encargarse el anciano y dedicarte hacer por lo que te va a pagar
- porque quiero estar seguro de que me será entregado todo lo que me ofrecieron en la cantidad que yo quede satisfecho…
- no te creo - dije…
- haces bien – dijo usando la misma frase que suelo decir cuando estoy en una situación parecida, lo cual me dejó bastante sorprendido - dame la pólvora – pidió tomándome por sorpresa…
- olvídalo – me negué…
- entrégamela!!! – exigió…
- no!!! – grité – no pienso establecer ningún tipo de vínculo contigo…
- te crees muy listo!!! – rugió incorporándose sobre la mesa para acercarse y colocar su rostro (el del anciano) lo más cerca que pudo del mío: en ese momento abrió los ojos y lo que vi me infundió miedo – dámela!!! – exigió de nuevo…
- no – le dije sobreponiéndome a la terrible impresión…

El ente (para ese momento ya tenía serias dudas que fuera “un muerto” el que estaba frente a mi), soltó una escalofriante carcajada, cerró los ojos y regresó a la silla, más en el camino tomó el saco de pólvora y esparció uniformemente todo el contenido en la cazuela…

- finalmente conseguí asustarte – se jactó…
- es mucha – le advertí ignorándolo - puedes producir un incendio…
- lo que provocaría tu muerte y así me evitaría el aburrimiento de volverte a buscar – se jactó en el preciso instante en que metía el último material dentro de la cazuela: en ese momento tomó la botella de vodka, la destapó e ingirió todo su contenido sin pausa alguna…

- ya nos veremos de nuevo – advirtió antes de que el cuerpo del anciano comenzara a convulsionarse de nuevo hasta que quedar flácido sobre la silla… coincidió con la aparición de mi padrino…

5.
- dónde estabas? – le reclamé…
- allá atrás – respondió señalando uno de los rincones…
- y así nada más?, estabas de espectador mientras esa cosa se divertía conmigo?…
- yo lo único que vi al guía espiritual del Curandero preparar el trabajo…
- viste qué? – lo cuestioné…
- contrario a lo que pensamos, no te molestó para que lo ayudaras…
- estás loco!!! – alcé la voz…
- no grites: no ves que está regresando – dijo señalando al anciano…
- todo bien? – preguntó como si nada hubiera sucedido…
- afortunadamente – respondió mi padrino…
- toma la cazuela y llévala al patio – me ordenó al tiempo que encendía un cigarrillo: no mostraba ningún síntoma de haberse embriagado…
- denme unos minutos para recuperarme – pretexté – me siento mareado…
- yo lo llevo – se ofreció mi padrino – mientras más rápido “le demos fuego” a esto mejor…

El Curandero y yo nos quedamos sentados, en silencio, uno frente al otro: él observando la braza de su cigarro y yo a punto de increparlo cuando la cabeza de mi padrino se asomó por la puerta para avisar que todo estaba listo… salimos…

 
6.
Ya en el patio quedamos a la espera de las indicaciones del Curandero, mientras yo ideaba un pretexto para negarme a encender la pólvora en caso de que me lo pidiera, más la instrucción la recibió mi padrino…

Después del deslumbrante resplandor que la pólvora provocó, el contenido de cazuela comenzó arder hasta que tras largos minutos se extinguió, fue entonces cuando el anciano comentó:

- el muerto que hará este trabajo es muy fuerte… a veces creo que en realidad es un demonio que se le escapó al mismito Satanás…
- creo que llegó la hora de irnos – avisé a mi padrino haciendo caso omiso a la intención del Curandero de dar alguna explicación – estoy demasiado mareado: aceptó no muy convencido…

Nos despedimos del anciano, el cual si bien agradeció nuestra presencia, tampoco se mostró muy efusivo… quizá fue mi imaginación, pero me pareció percibir una discreta sonrisa burlona en sus labios…

Una vez en el auto, camino de regreso a mi casa, lo confronté…

- por qué me trajiste?... por qué me escogiste para ayudarles?...
- la semana pasada vine a saludar al viejito… tenía mucha gente, así que le ayudé un rato – explicó – cuando estaba montando a su guía con el último paciente, antes de terminar, se volteó y me dijo que en ese templo se iba a realizar una obra importante que iba a requerir de mi apoyo y de alguien más a quien yo le tuviera confianza… de hecho aclaró que yo ya sabía de quién se trataba… y pensé en ti…
- creo que fue por algo más – dije…
- no hay otro motivo – trató de acotar…
- cómo es posible que no te hayas dado cuenta de todo lo que ocurrió mientras él preparaba la cazuela…
- nada sucedió – insistió - no vi nada extraordinario…
- no era su guía ni el muerto quien lo hizo – comenté…
- hace tiempo te lo enseñé: si no es el guía o un muerto, podría tratarse de un demonio… y en caso de que se apareciera, no nos metemos con ellos – dijo usando un tono de voz que no daba mucho a discutir…

Tomando en cuenta la gran cantidad de material que tenía el anciano en su casa, me asaltó la idea de que el aceite negro y los polvos habían sido el pretexto de alguien para tenerme ahí… opté por callarme…

7.
Han pasado varios años desde que sucedió aquello y aún sigo impresionado por lo que vi cuando el ente abrió los ojos… también me pregunto recurrentemente si andará rondándome…

Después de investigar con paciencia ya conozco algunos detalles sobre quién se posesionó del Curandero, aunque aún sigo sin saber el origen de su obsesión por mí, sin embargo, lo más importante de todo es que he descubierto que el infierno ya se quedó vacío: todos los demonios están entre nosotros… confundiéndose con los muertos…

14 de mayo de 2014

Es lo malo de los libros 14



1.
D es mi amigo desde hace tres décadas, aunque nuestra amistad está siempre “sostenida por alfileres” por su irregular carácter, lo que hace que en ocasiones le tome sana distancia para evitar encontronazos de los más variados tipos y por las más extrañas razones que a veces se posesionan de su mente… pero cuando se lo propone, también puede ser buen amigo y hacer de una velada un rato agradable…

Lo dejé de ver durante años por motivos meramente de horarios y distancias, sin embargo, nos rencontramos cuando entró a trabajar al mismo lugar que yo… y como siempre seguimos con la intermitencia…

2.
D siempre fue objeto de préstamo de libros de mi parte: no sólo porque invariablemente me los regresaba, sino porque sabe disfrutar de la lectura, principalmente textos sobre música…

Así como le compartí hace años los libros escritos por Bill Wayman, Patti Smith y John Densmore, lo mismo sucedió con las recientes memorias publicadas por conflictivos músicos como "La autobiografía" de Eric Clapton y con “Life”, las ruidosas confesiones de Keith Richards que en realidad no ofrecieron las escandalosas revelaciones que se esperaban…

Pero fue éste último préstamo el que me deparó una desagradable experiencia, no por D, sino por H: un compañero de ambos…

H me fue presentado por D con el pretexto de que sabía de música… y si bien es cierto que no puedo discutírselo, debo reconocer que además conoce de cine, de libros raros (siempre le agradeceré el préstamo de “Word Virus: The William Burroughs Reader“), me compartía discos y por si fuera poco es un tipo bastante simpático, ocurrente y con una tortuosa vida por detrás que le permite contar interesantes experiencias de una forma exageradamente divertida…

El asunto es que hace unos meses D me pidió prestado “Life” de Keith Richards, misma que me regresó en perfecto estado de salud dos semanas después, pero por desgracia lo hizo en el instante en que H pasaba frente a su escritorio…

Según me enteré después H vio en su momento a D leyendo el libro, lo que provocó que se lo pidiera prestado cuando lo terminara… más D le aclaró que era mío y que la solicitud ello debería tratarla directamente conmigo…

Así que en cuanto vio la perversa y malsana oportunidad aquella mañana, H la aprovechó… y como buen caballero que soy (en eso de disimular la mala gana), se lo facilité…

Pasó una semana, luego dos, posteriormente tres… y después la afable actitud que H siempre mostraba desapareció, limitándose a lejanos saludos con algún ademán… y eso me preocupó: no por la posibilidad de perder un amigo al que estimo bastante: el problema era el riesgo de terminar diciendo “otro libro más que me roban”…

Puse en marcha el “plan B” y la agarré en contra de D echándole en cara de que por impertinente había tenido que prestarlo y con la posibilidad de no verlo de vuelta… procedí al amenazante requerimiento: “más te vale que le recuerdes que me debe un libro”…

D lo hizo y una semana después H me lo regresó, pero sin mirarme a los ojos… eso sí: me dio las gracias por el préstamo y se alejó… yo dejé caer pesadamente el texto de Keith Richards donde estaba sentado D…

 
- ves lo que provocas? – le solté al tiempo que señalaba la gran mancha oscura que abarcaba el borde delantero del libro y que se extendía hasta la portada: una fotografía en blanco y negro del rostro de Keith Richards, cuya mitad había adquirido una tonalidad ocre…
- qué poca madre – exclamó D al tiempo que lo tomaba y abría para ver hasta dónde se extendía el ultraje, posiblemente proveniente de una taza de café (o refresco de cola?)…
- eso pasa por regresarme libros frente a tus amigos – me quejé – aún y cuando sabes que no acostumbro prestarlos, mucho menos los caros…
- también es tu amigo – trató de revirar apenado, pero su aclaración sonó bastante débil…
- lo malo no es tu imprudencia – seguí quejándome – lo peor es que ni siquiera fue capaz de disculparse por esta marranada…
- eso sí – me dio la razón, abrió uno de los cajones de su escritorio, sacó una bolsa, metió el libro y lo colocó cerca de mí con delicadeza…
- demasiado tarde – le dije refiriéndome a su exagerada actitud, solté una carcajada, tomé el libro y lo puse sobre la silla vacía que estaba a mi lado izquierdo y miré a los ojos a D en espera de que dijera algo…
- me apena mucho todo esto - balbuceó – realmente fue mi culpa…

Conforme pasaron los siguientes días la actitud de H fue regresando a la normalidad, las bromas surgieron de nuevo, siguió compartiéndome música y hasta me prestó al citado William Burroughs… sin embargo, siempre quedé esperando que me contara en qué momento de su lectura a Keith Richards se le ocurrió pedirle una taza de café…

3.
En una ocasión le facilité a D un libro de Lawrence Ferlinghetti (a quien injustamente se le ha traducido poco al español), pero al momento de regresármelo, durante una comida con unos conocidos, no sólo habló pestes del autor, sino que en su perorata incluyó descalificativos a otros escritores como Kerouac, Cassady, Leary y Burroughs… el propio Ginsberg fue acusado innecesariamente de mariqueta y hasta Bukowski, que no tenía nada que ver con ellos, resultó mancillado

Claro que a primera vista eso no tenía nada de malo: ninguno de ellos es parte de mi familia como para que me preocupara el que se les ofendiera, el detalle fue que D empezó a cuestionar que algunas de mis lecturas incluyeran a ese tipo de autores, argumentando que “esos tipos no tuvieran ya nada que ofrecernos en términos de una identidad, mientras me olvidaba de Saramago, Rulfo, Mistral, Vargas Llosa y Galeano”… de hecho, aseguró, que Octavio Paz era el mejor escritor que ha tenido la lengua española…

Pero al escupir su monólogo D cometió el error de hacerlo frente a tres amigos que nos acompañaban, lo que hizo que se diera más valor al momento de ser mordaz con algunos comentarios… y digo error porque para bien o para mal, cuando se trata de discutir conmigo, la presencia de gente alrededor marca una considerable diferencia…

Yo le escuché entretenido… o lo que es lo mismo: con una sonrisa mientras ocasionalmente daba un trago a mi cerveza y él, en algún punto, arremetía una y otra vez en contra de lo que calificaba como “mis devaluados gustos literarios”…

Una vez que D terminó mostró satisfacción por su perorata, mientras que la audiencia estaba a la espera de que mi respuesta fuera algún irónico comentario en contra de toda la justificación que esgrimió para defender la (incuestionada) presencia de autores latinoamericanos en su biblioteca personal, y en consecuencia, de la ausencia de escritores beat en sus gustos literarios… pero me limité a contestarle entre risas…


- en eso de tus gustos literarios tienes razón en rechazar aquellos escritores desde cuyas venas no se desangra américa latina – dije parafraseando a Galeano – porque no tienen obligación de hacerlo… así que para evitarte tanto conflicto existencial no te vuelvo prestar libros…

Las carcajadas de todos no se hicieron esperar y la única reacción que pudo ofrecer mi amigo fue una expresión de desconcierto en su rostro…
  
4.
Semanas después D me llamó por teléfono…

- buen día – dijo con extraña solemnidad…
- buen día – le respondí con el mismo tono…
- necesito pedirte un favor – soltó sin más preámbulo…
- dime – le respondí…
- mi esposa tiene que hacer un trabajo sobre historia para su maestría… y escogió uno de los temas más complicados que te puedas imaginar…
- sobre la guerrilla mexicana de los años 90s? – me aventuré adivinar…
- no tanto - aclaró – pero de todos modos causa alergia: se trata sobre la guerra cristera…
- pues sí – estuve de acuerdo con D – todavía es un tema irritante para muchos, sobre todo para la iglesia católica mexicana…
- así que el favor consiste en pedirte que me prestes un libro sobre aquella época de nuestra historia… claro, si es que tienes alguno…
- sí, tengo varios – le dije y tras reflexionar le comenté – pero estoy pensando en uno en especial que le podrá servir: mañana te lo traigo…
- gracias – dijo…
- no me lo agradezcas, lo hago por tu esposa, que ya bastante tiene con aguantarte todos los días: a ti jamás vuelvo a prestarte nada…
- gracias – repitió y colgamos…

Al día siguiente llegué a la oficina con el libro “Movimiento Cristero: Una pluralidad desconocida”, de Alicia Puente Lutteroth… cuando ya había transcurrido parte de la mañana, llamé por teléfono a D para decirle que tenía el libro para su esposa y me avisó que subiría a recogerlo…

Unas tres semanas después me llamó para preguntarme si podía pasar a verme, le dije que sí pensando que quizá querría (cómo hacen muchos), contarme las penas que acongojan su alma…

Pero me equivoqué: apenas y subió me regresó el libro de Alicia Puente envuelto cuidadosamente en una bolsa de color negro…

- una disculpa por la tardanza, pero le gustó tanto a mi esposa el tema que decidió leerlo completo…
- no te preocupes…
- y te lo traje escondido para que nadie sepa de qué se trata – aclaró...
- no era necesario: en realidad la gente de este piso no suele leer ni su horóscopo – le dije haciendo referencia a mis vecinos – puedo dejar mi cartera, mi teléfono celular o hasta un lápiz y desaparecerán en minutos… pero los libros reciben de los ladrones sólo desprecio…
- tienes razón, pero aparte te lo traje a tu lugar… ya sabes: para que a nadie te lo pida prestado - dijo haciendo alusión a las memorias de Keith Richards…
- haces bien – comenté reconociendo su inteligencia – el libro de Alicia Puente ya está descatalogado… es prácticamente inconseguible…

Comentamos algunas cosas más y finalmente regresó a su escritorio… seguimos viéndonos e incluso comemos frecuentemente, sin embargo, mantengo mi palabra de no prestarle más libros…